La idea era buenísima: tatuajes temporales con el diseño de la pegatina del año. Todo iba bien hasta que Ana decidió “anticiparse” y darle la vuelta al diseño, creyendo que así funcionaban los tatuajes.
Lo que no tuvo en cuenta es que la empresa ya lo gira automáticamente.
Resultado: tatuajes con doble inversión. Llegaron… pero del revés.
La idea molaba muchísimo.
La ejecución, no tanto.
Un desastre de manual, pero muy nuestro.